martes, 6 de julio de 2010

Mangos que salvan vidas en la India


La receta es simple: cada vez que nace una niña, la familia planta un mínimo de diez árboles frutales.

La práctica da el resultado esperado: asegurar el bienestar de la bebé cuando crezca.
Esto porque viven bajo una amenaza cultural que se traduce en violencia física.

A pesar de que dar o aceptar dotes es un delito en India, sigue siendo una práctica común.

También lo son, desafortunadamente, lo que se conoce como muertes por dote, que se producen cuando las chicas son asesinadas o llevadas al suicidio por el acoso continuo y tortura por parte de maridos y parientes políticos en un esfuerzo por extorsionar a un aumento de la dote.

Sólo en 2008, según el Bureau de Registros Nacionales de Crimen de India, se reportaron más de 8.170 muertes por esta razón en el país. La misma oficina reportó en el mismo año que más de seis mujeres se suicidaban cada día por problemas con la dote.

Y Bihar es el estado con la tasa más alta de muertes de dote en India. El pueblo del que hablamos, Dharhara, queda en Bihar.

Pero allí, todo es distinto...
Nikah Kumari tiene 19 años y su destino era casarse con un maestro de escuela en un matrimonio pactado por Subhas Singh, su padre.

Singh tiene una pequeña y humilde granja, y a pesar de eso, entre sus preocupaciones nunca estuvo el alto costo de celebrar la ceremonia nupcial de su hija.

El día en que nació, y para mantener la tradición de su pueblo, Singh plantó diez mangos. La niña creció y los árboles también. Ahora la dote la van a pagar las frutas.

"Ha llegado el día para el que plantamos los mangos. Ya tenemos vendidas las frutas incluso con tres años de anticipación y tenemos el dinero para pagar por la boda", le dijo Singh a la BBC.

"Los árboles son como nuestra cuenta de ahorros a plazo fijo", agrego.
Un bosque vital

Los mangos han liberado a los padres de Nikah de preocupaciones y su historia no es un caso aislado en su pueblo.
Nikah Kumari tiene 19 años y su destino era casarse con un maestro de escuela en un matrimonio pactado por Subhas Singh, su padre.

Singh tiene una pequeña y humilde granja, y a pesar de eso, entre sus preocupaciones nunca estuvo el alto costo de celebrar la ceremonia nupcial de su hija.

El día en que nació, y para mantener la tradición de su pueblo, Singh plantó diez mangos. La niña creció y los árboles también. Ahora la dote la van a pagar las frutas.

"Ha llegado el día para el que plantamos los mangos. Ya tenemos vendidas las frutas incluso con tres años de anticipación y tenemos el dinero para pagar por la boda", le dijo Singh a la BBC.

"Los árboles son como nuestra cuenta de ahorros a plazo fijo", agrego.
Un bosque vital

Los mangos han liberado a los padres de Nikah de preocupaciones y su historia no es un caso aislado en su pueblo.

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